(¿)Podemos deconstruir la violencia del lenguaje sin simplificar(?)

(¿)Podemos deconstruir la violencia del lenguaje sin simplificar(?)

Texto elaborado por Ana Guzmán, consultora en temas de comunicación del Programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero.

Hace algunos años, mientras estaba en mi primer año de la universidad, una profesora nos dijo que grandes personajes de la academia, profesoras y profesores nos iban a impartir una conferencia sobre los medios y la instrumentalización que hacía el poder sobre ellos, algo así como una visión crítica de cómo formar nuevas y nuevos profesionistas para frenar esta práctica. 

El ambiente era este: un auditorio repleto para 200 personas, en ese entonces no teníamos ninguna restricción de sentarnos en las escaleras o quedarnos paradas alrededor de las salidas de emergencia, muchos reflectores, una mesa adornada y botellas de plástico que contenían agua. 5 ponentes, 3 hombres y dos mujeres. Todas ellas en trajes sastres y faldas. 

Un evento espectacular, palabras “rimbombantes” aquí y allá, poco debate, si bien todas venían de medios diferentes siempre había una misma conclusión: nosotras y nosotros teníamos que hacer el trabajo de construir medios en los que las personas se vieran reflejadas, que tomaran toda la ética y la deontología de procesos no manufacturera para cambiar nuestras realidades. 

Pero hubo una cosa curiosa, al salir de ese escenario y al preguntarnos en clases qué cosas habíamos entendido para nuestra próxima práctica periodística, ninguna o casi ninguna de nosotras pudo hilar una frase completa que hayan dicho las y los ponentes. Recordábamos cosas vagas y que quizá estaban más cargadas de nuestras apreciaciones que de lo que ellas habían dicho. 

Haciendo un poco de memoria, recuerdo el cómo sentirme dentro de una pecera, como si un cristal nos apartara y fuera complejo escuchar sus voces, no porque no hubiera micrófonos pero no compartimos el mismo medio. No teníamos el mismo lenguaje, ni quizá el mismo bagaje cultural, ni las mismas vivencias. 

Ahora, yo podría considerarme una mini veterana en la comunicación enfocada en los derechos humanos por mi muy breve aporte a algunas organizaciones de la sociedad civil, entre otros trabajos en los que me he visto frente a auditorios que se han quedado igual de absortos como yo en esa ocasión. Que han querido asir información, datos, o algún sentido que las interpele pero que están lejos, que están distantes de esas realidades. 

Es por esto, que para no crear peceras pequeñas que nos reboten las ideas entre nosotras, me he preguntado y puesto en práctica lo que yo llamo una “traducción de lenguaje” para democratizarlo, o lo que ha sido ya llamado “comunicación para el cambio social”. 

Un término que empezó a acuñarse después de la Segunda Guerra Mundial y que está íntimamente ligado a las experiencias independentistas de África, Asia y América Latina por todo los hechos políticos y sociales que tienen que ver con la falta de libertades colectivas, la opresión a culturas indígenas y la poca justicia social, la falta de democracia y un Estado de derecho. 

Es por esto, que la comunicación para el cambio social incentiva a cambios sociales colectivos, antes que cualquier movimiento individual y a acciones de comunicación desde las comunidades y no para ellas, que tome en cuenta además a los sectores históricamente vulnerados. 

La incidencia entonces, para mí es poder escuchar antes de hablarle a las personas en los auditorios, es sentarnos frente a ellas y ellos para tener un diálogo y resolver sus dudas con un lenguaje sencillo, práctico, real, que pueda hacer mella en sus realidades y no aspirar a cambiarlas, sino a hacerlas temblar y reflexionar sobre otras y otros. 

Y tú, ¿te atreves a hacer incidencia desde una escucha activa y una comunicación colectiva?

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